“Cuando Gloria Castro me contactó desde Incolballet, la idea era venir inicialmente solo por dos años a Cali. Y mírame, hace unos días justamente cumplí 23 años de estar acá”. Con una sonrisa en la cara y aún con ciertos atisbos de su origen antillano en su hablar, Elena Cala asegura que ahora se siente como una vallecaucana más que a diario trabaja por el desarrollo y el progreso del departamento.
Hace más de dos décadas que cambió el viento caribeño de La Habana por la refrescante y encantadora brisa de Cali. Pero su historia inicia mucho más atrás: la pasión por la danza le surgió a los siete años de edad. Contrario a lo que se pensaría, el Son Cubano no fue su prioridad, pero sí los sonidos propios del Ballet Clásico. “Me enamoré completamente del Ballet cuando en Cuba, fui a ver a la famosa bailarina Alicia Alonso. A partir de ese momento siempre quise dedicarme a la danza”, rememora.
Años después de iniciar su formación en Cuba, Elena y su familia se trasladaron a Bulgaria por temas sociopolíticos, y ahí, en ese viaje, logró incorporar herramientas del estilo dancístico ruso. En 1975 regresó a La Habana y seis años después comenzó su labor como maestra. “Fue en esa etapa que conocí a Incolballet, a través de unos encuentros internacionales de escuelas que se hacían en Cuba”, precisa Cala.
Este primer encuentro con Incolballet no tuvo mayor trascendencia, y solo hasta 1999 gracias a un amigo cercano que trabajaba en el Instituto, fue que Elena conversó y se acercó a la directora de ese entonces, Gloria Castro. “Gloria me invitó a venir para fortalecer ciertos aspectos en la escuela, y aún estamos acá”, comenta entre risas.
Durante estos más de 20 años ha logrado observar innumerables talentos del baile en el departamento, pero destaca a los jóvenes de ahora pues, “son más atrevidos, audaces y quieren hacer más cosas”. Para la docente, estos dones y habilidades de los estudiantes de Incolballet son inherentes al sabor y la rítmica que llevamos los colombianos corriendo por las venas.
Elena Cala, docente y bailarina con pasaporte cubano, pero con corazón vallecaucano. “Realmente ha sido un progreso artístico profesional para mí muy grande y creo que ese camino me lo dio Incolballet. Muy agradecida a la maestra Gloria que fue la persona que me trajo aquí y me abrió este nuevo camino”, concluye.